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La edad del pavo a los 25 Una se siente un poco desconcertada porque, cuando toda su generación está comenzando una vida adulta, resulta que ella la acaba de perder. Y está bien, porque siempre he envidiado tantísimo a Peter Pan... "¿hacerme mayor, yo?". Siempre renegando, resistiéndome tanto con mi forma de pensar como con mis actos... Y por fin he conseguido volver a la edad del pavo. El año pasado empecé a estudiar una carrera con compañeros 6 años más pequeños que yo y todo fue bien: el curso bien, los colegas bien, vivir en una ciudad nueva bien. Otra vez sin pelas y otra vez sin la libertad de tener mi Ibiza aparcado en la puerta, pero... ejem... bien. La vuelta a los 18 fue un acierto. O eso creía yo. Este año he perdido a mi super-compi (mi querido León) y he tenido que aprender a dormir sola todas las noches. Es tan difícil hacerlo... En fin... las mascotas ya se sabe: se les coge mucho cariño. Todo se supera y así fue superada la muerte de León. Una responsabilidad menos de la que hacerme cargo en este momento venía bien... (aunque la cambiaría con tal de que el minino volviera a maullar). 6 meses después, la otra parte de mi noviazgo finalizó casi 5 años de relación con un contundente "ya no te quiero" que por desgracia no escondía detrás cuernos, drogas o monotonía. Simplemente ya no me quiere. Vaya, justo ahora que estoy recuperando mi más tierna juventud recupero mi libertad, una libertad ansiada por otro lado... Puede venir bien. Y aquí me encuentro yo ahora, de nuevo en la edad del pavo: Sin saber de qué va el mundo ni a qué me tengo que atener. Con ganas de reír y ganas de llorar. Poniéndome en contra del mundo porque me ha quitado todo lo que me había puesto en los labios (y era tan dulce...). Desconcertada porque ya no sé si quiero sentir, o volver a ser de piedra. Viendo cómo se va de un plumazo lo logrado en muchos años de trabajo, fidelidad y amor. Sabiendo que tengo que partir de 0 y buscando desesperadamente un 1 por el que empezar. Con las hormonas a tope, emborrachándome para salir. Replanteándome mi lugar...ya no soy fundamental para nadie; nadie va a perder el sueño por mí. Envidiosa de los besos que me topo por la calle. Sintiendo el amor y el odio en sus magnitudes más amplias. Y con un absurdo miedo a que me digan que "no" y un aunténtico pánico a volver a empezar algo que puede ser maravilloso durante mucho tiempo, tanto que una se acostumbra a que la mimen, la cuiden, a sentirse segura y confiada, a ser consejera y ser escuchada cuando necesita auxilio. A no dormir sola... //RA. |
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